Si quieres recoger miel, no des puntapiés a la colmena – Dale Carnegie

Esta entrada forma parte del post sobre el libro Como ganar amigos e influir sobre las personas” de Dale Carnegie

“Hace treinta años aprendí que es una tontería regañar a los demás. Bastante trabajo tengo con vencer mis propias limitaciones sin necesidad de impacientarme por el hecho de que Dios no ha creído conveniente distribuir por igual el don de la inteligencia.”

La crítica es inútil porque pone a la otra persona a la defensiva y hace que trate de justificarse. La crítica es peligrosa, porque lastima, hiere el precioso orgullo de la persona, daña su sentido de la importancia y despierta su resentimiento”

“Por medio de la crítica nunca provocamos cambios duraderos, y con frecuencia creamos resentimiento”

“En mil páginas de la historia se encuentran ejemplos de la inutilidad de la crítica.

“¡Ahí está! La naturaleza humana en acción; el malhechor que culpa a todos menos a sí mismo. Todos somos así. (…) Comprendamos que las críticas son como palomas mensajeras. Siempre vuelven al nido. Comprendamos que la persona a quien queremos corregir y censurar probablemente tratará de justificarse y de censurarnos a su vez.”

“(…) Lincoln, «sin malicia para nadie, con caridad para todos» (…) Una de sus máximas favoritas era: «No juzgues si no quieres ser juzgado»

“No los censuréis; son tal como seríamos nosotros en circunstancias similares

“Las críticas y reproches acerbos son casi siempre inútiles”

“¿Conoce usted a alguien a quien desearía modificar, y regular, y mejorar? ¡Bien! Espléndido. Yo estoy a favor. Pero, ¿por qué no empezar por usted mismo?”

“No te quejes de la nieve en el techo del vecino -sentenció Confucio- cuando el umbral de tu casa está aún por limpiar.”

“Si usted o yo queremos despertar mañana un resentimiento que amargue la vida de alguien hasta la muerte, no tenemos más que hacer alguna crítica punzante.”

“Cuando tratamos con la gente debemos recordar que no tratamos con criaturas lógicas. Tratamos con criaturas emotivas, criaturas erizadas de prejuicios e impulsadas por el orgullo y la vanidad.”

“Benjamin Franklin decía: no hablaré mal de hombre alguno y de todos diré todo lo bueno que sepa.”

Cualquier tonto puede criticar, censurar y quejarse, y la mayoría de tontos lo hacen.”

“Se necesita carácter y dominio de sí mismo para ser comprensivo y capaz de perdonar.”

Papá olvida
W. Livingston Larned

 

Escucha, hijo, voy a decirte esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente húmeda. He entrado solo en tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía el diario en la biblioteca, he sentido una ola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, he venido junto a tu cama.
Esto es lo que pensaba, hijo: me había enfadado contigo. Te regañé cuanto te vestías para ir a la escuela, porque apenas te habías pasado la toalla mojada por la cara. Te reprendí porque no te habías limpiado los zapatos. Te chillé enfadado cuando tiraste tus cosas al suelo.
Durante el desayuno también encontré motivos de crítica: derramabas la leche, engullías la comida, ponías los codos sobre la mesa, untabas demasiada mantequilla en el pan. Y cuando te ibas a jugar y yo me encaminaba a coger el tren, y agitando la mano me gritaste. «¡Adiós, papá», yo fruncí el entrecejo y te respondí: «¡Yergue los hombros!».
Y por la tarde todo se repitió de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando a canicas. Tenías agujeros en los calcetines. Te humillé ante tus amigos haciéndote ir a casa delante de mi. Los calcetines eran caros, y si tuvieras que comprarlos tú, tendrías más cuidado. Pensar, hijo, que esto, lo diga un padre.
¿Recuerdas que, más tarde, cuando yo estaba leyendo en la biblioteca, entraste tímidamente, con una expresión dolida en los ojos? Cuando te miré por encima del periódico, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta. Y yo te pregunté con brusquedad: «¿Qué quieres ahora?».
No dijiste nada, pero cruzaste la habitación de un salto, y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni siquiera mi abandono podría marchitar. Y luego te ibas, y se oían tus pasos ligeros escalera arriba.
Bien, hijo; fue poco después cuando el periódico me resbaló de entre las manos y un miedo terrible, angustioso, me inundó. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre? La costumbre de encontrar defectos, de reprender, esta era mi recompensa para ti por ser un niño. No era que yo no te quisiera; era que esperaba demasiado de ti. Y te medía según la vara de mi propia edad.
Y en tu naturaleza había tanto que era bueno, hermoso y sincero. Ese pequeño corazón tuyo es tan grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu cama en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una débil reparación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto. Pero mañana seré papá de verdad. Seré tu camarada, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. Repetiré una y otra vez, como si fuera un ritual: «No es más que un niño, un niño pequeño».
Me temo que te he imaginado hombre. Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un niño pequeño todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro. Te he pedido demasiado, demasiado.

 

En lugar de censurar a la gente, tratemos de comprenderla. Tratemos de imaginarnos por qué hacen lo que hacen. Eso es mucho más provechoso y más interesante que la crítica; y engendra comprensión, tolerancia y bondad.”

“Como dijo el doctor Johnson: «El mismo Dios, señor, no se propone juzgar al hombre hasta el fin de sus días». Entonces, ¿por qué hemos de juzgarlo usted o yo?”

 

 

Regla 1
NO CRITIQUE, NO CONDENE NI SE QUEJE

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